Traspasar la gestión de la diabetes a los hijos

En cualquier ámbito de la vida, a medida que nuestros hijos van creciendo, les vamos delegando responsabilidades, de manera que promovemos su autonomía y su capacidad de tomar decisiones. La diabetes tipo 1 (DM1) es una condición indisociable de la vida de nuestros hijos y, por tanto, también es necesario que vayan interviniendo en su gestión de manera gradual y según sus capacidades madurativas.

Recuento de hidratos de carbono, dosis de insulina, rotación de pinchazos, gestión de hipoglucemias y de hiperglucemias… son muchas las decisiones que se deben tomar todos los días, así que también son muchas las oportunidades que tenemos para que vayan adquiriendo responsabilidades.

Nuestra hija fue diagnosticada de DM1 a los 16 años recién cumplidos y, por tanto, pudimos hacer conjuntamente con ella el proceso de aprendizaje necesario para convivir con la diabetes de manera saludable (desde aquí transmito mi enorme reconocimiento a todos los padres y madres que está gestionando las diabetes de sus hijos desde pequeños).

Durante los primeros meses, estuvimos muy implicados en la gestión: nos queríamos asegurar que asimilaba correctamente todos los conocimientos y que los ponía en práctica de manera responsable. La adolescencia de los hijos siempre supone un reto, pero una adolescencia con diabetes puede generar situaciones aún más difíciles de afrontar.

Mientras estuvimos al frente de la gestión desarrollamos nuestras propias estrategias de seguimiento y control (siempre de la mano del equipo médico) con la seguridad de que estábamos haciendo lo mejor para ella y para su salud. Pero llegó el día en que la educadora de la Unidad de diabetes del Hospital Sant Joan de Déu Barcelona nos hizo dar cuenta que quien debía llevar el control de la DM1 era nuestra hija. Y lo tuvimos muy claro: nuestro papel tenía que cambiar. Pero no se trataba de delegar o compartir responsabilidades como hasta ahora. Había llegado el momento de hacer un traspaso real de funciones.

Fue un momento difícil para nosotros, porque nos generaba una gran inseguridad: queríamos que ella siguiera llevando el control a «nuestra manera» convencidos de que era la mejor. Pero pronto comprendimos que era muy importante darle tiempo y espacio para que descubriera su propia manera. Era ella quien tenía que encontrar su camino para gestionar la DM1, ya que era ella quien tenía que convivir 24/7 con su condición.

Y el traspaso fue todo un éxito.

No sabemos cuál fue la clave del éxito, pero creemos que es muy importante establecer una relación de confianza y de respeto mutuo con los hijos antes de la adolescencia, y guiarlos para que lleguen a ser personas autónomas y responsables. Son valores que perduran en el tiempo y que ayudan a hacer frente a situaciones complejas, incluso a aquellas que pueden llegar a ser muy estresantes, como es el caso de la DM1.

Ahora bien, a pesar de que la gestión del día a día actualmente está en manos de nuestra hija, los padres (y, en el futuro, su pareja y su propia familia) jugamos un papel muy importante en tres grandes ámbitos: la esfera emocional, la adquisición y transmisión de conocimientos y el apoyo logístico.

En cuanto a la esfera emocional, es básico estar siempre a su lado para hablar de ello siempre que sea necesario, pero también debemos saber respetar la distancia cuando no necesite compartir su estado con nosotros. El mejor apoyo que le podemos ofrecer es una actitud positiva que le permita afrontar cualquier situación de manera constructiva.

Por otro lado, podemos seguir investigando sobre aspectos relacionados con la DM1, introducir nuevos hábitos de alimentación saludable en la dieta, etc. Hay mucho que aprender.

Finalmente podemos continuar haciéndonos cargo del suministro de material (insulina, agujas, tiras reactivas…). Tarde o temprano se tendrá que ocupar ella, pero mientras esté en casa con nosotros es un tema del que se puede liberar.

Así pues, creemos que traspasar la responsabilidad de la gestión de la DM1 a los hijos es muy importante, pero también lo es tener claro que la DM1 es una condición crónica que requiere un trabajo en equipo, y que todos tenemos que encontrar el mejor encaje en el engranaje y desarrollar nuestro rol desde el respeto y el espíritu colaborativo.

Más testimonios en:

Rincón de padres y madres. Centro para la Innovación de la Diabetes Infantil.

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